No va más. Tras meses de presiones por parte de algunos sectores del Gobierno para mantener, al menos hasta el próximo año, la actual dirección de RTVE no parecen haber dado frutos.
El presidente del ente público, Luis Fernández, tiene previsto presentar mañana al consejo de administración de RTVE su dimisión como presidente del grupo audiovisual, tres años después de aceptar el cargo, en un mandato de seis años.
Según fuentes de su entorno, Fernández, enfrentado a la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, por su decisión de eliminar la publicidad del grupo audiovisual a sus espaldas, ha terminado de tomar la decisión de dejar el cargo tras la aprobación de la nueva ley audiovisual.
Con el futuro marco normativo, para el que tampoco se contó con la opinión de Fernández, RTVE queda expuesta a una situación de debilidad frente al sector privado, con una pérdida de tamaño e influencia considerable.
En este sentido, la eventual salida del actual presidente de RTVE se produce en el peor momento, ya que abre un vacío de poder en el grupo audiovisual estatal en plena reconversión a una empresa sin publicidad, que obligará a sus directivos a impulsar un cambio de modelo en la compañía.
Ante el inminente relevo en la presidencia de RTVE, responsables del Gobierno y del PSOE han comenzado a mover ficha para buscar un sustituto para Fernández. El Estatuto de la Corporación RTVE obliga a que el nombramiento del nuevo presidente, en caso de cese del anterior, sea aprobado por al menos dos tercios del Parlamento. Es decir, el PSOE necesitará consensuar el nuevo cargo con el PP, una tarea complicada que, excepcionalmente, se había logrado con el actual presidente.
Salvo un cambio radical de rumbo de última hora, Fernández se reincorporará tras dejar RTVE a su anterior trabajo, como responsable de la filial americana de Mediapro, que la productora catalana tiene abierta con sede en Miami.
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