Hoya se cumplen 20 años del inicio oficial de las emisiones de la cadena pública de televisión; dos décadas en las que la polémica y los éxitos han sido compañeros de viaje de «la valenciana».
«Guanyar diners, on estan?, on estan?» cantaban las «monleonetes» mientras Joan Monleón atrapaba a la audiencia ante una ruleta en forma de paella al grito de «Cinc mil pessetes!» Pero antes, mucho antes, de que estos cantos de sirena encandilaran a los televidentes en el primer programa mítico de Canal 9, hubo otras voces que marcaron los cinco largos años que duró la gestación de la que iba a ser la sexta televisión autonómica. La gran piedra en el camino del proyecto estrella del Consell de Joan Lerma la puso el entonces presidente del Gobierno, Felipe González, con su «no considero prioritario la TVV».
Pero, los ecos contrarios también llegaron desde la Generalitat. «¡Al suelo, que vienen los nuestros!», debió pensar el líder del PSPV cuando vio cómo su conseller de Cultura, Ciprià Ciscar, proponía dedicar los más de 6.000 millones de pesetas que costaba poner en marcha la televisión, a paliar los daños de las inundaciones de 1987; o al oir a su portavoz en las Corts, Felipe Guardiola, decir poco después de la puesta en antena, que Canal 9 era «una merda, una gran merda».
La polémica ha sido compañera de viaje de «la valenciana» desde incluso antes de que el lunes 9 de octubre de 1989 comenzaran sus emisiones, especialmente cuando se escogió la frecuencia por la que TV3 llegaba a la Comunitat. Cuestiones ideológicas al margen, parece ser que el objetivo era aprovechar que muchos hogares ya tenían sus antenas preparadas para ver «la catalana», lo que garantizaba una rápida implantación.
La reivindicación del entonces tercer canal venía recogida en el Estatuto de autonomía, que instaba a crear la TVV para proteger y defender el idioma de los valencianos. La unanimidad con que se aprobó en 1984 la Ley de Creación de la RTVV duró hasta que llegó la hora de designar a su director. Juan José Bas, profesor de Teoría de la Comunicación de la Universidad Cardenal Herrera-CEU, autor de una tesis doctoral sobre los orígenes del ente, recuerda que las mayores discusiones en las Corts se centraron en la elección del gran timonel de RTVV: «El problema fue que se eligió el modelo de TVE, que estaba muy politizado, y no se atrevieron a proponer que el director general se eligiera por mayoría cualificada. Al final se optó por que lo designara el Consell, con lo que la cadena quedó bajo el control político del Gobierno».
La caída del «último bastión socialista»
Esta dependencia, que se hizo omnipresente desde que Lerma eligió como director general a Amadeu Fabregat, hasta entonces responsable del centro regional de TVE, se ha perpetuado en estos 20 años en los que Canal 9 ha crecido a la sombra del poder. La victoria del PP de Eduardo Zaplana el 25 de mayo de 1995, quien tenía claro que pese a su triunfo aún le quedaba conquistar RTVV, a la que el llamaba el «ultimo bastión socialista», vino a consolidar dicha sumisión.
La nueva era popular puso la parrilla del revés. Aquello de la «protección y la promoción» del valenciano que tenía encomendada RTVV por ley había quedado en entredicho desde el mismo minuto en que Fabregat, con incluso una lista de 593 palabras censuradas por sonar demasiado catalanas, renunció a doblar películas y series, que entonces ya suponían el 49% de la programación. Aún así, el valenciano era la lengua predominante, con un 60%. Dos meses después de llegar el PP a Burjassot, la proporción se invirtió, relegándose la lengua autóctona al 40% y desterrándola del «Prime Time».
Con la producción propia sucedió otro tanto. De más del 60% cayó al 46% y hoy, tras 13 años de gobiernos populares, no llega al 32%. La privatización de la cadena tan anhelada por el PP se atascó en los tribunales, donde los jueces impidieron que Zaplana colgara el cartel de «Se vende» a las puertas de Canal 9 y subastara hasta los informativos.
El nuevo Consell nombró director general a Juan José Bayona, que apenas estuvo 9 meses en el cargo. Con él las audiencias se desplomaron por debajo de la barrera del 15%, registrando la cuota de pantalla más baja hasta entonces ante el empuje de las televisiones privadas. «Es imposible competir con programas como "Hostal Royal Manzanares" o "Médico de familia", dado su elevado coste», se lamentaba. Para remediar el hundimiento contrató a la productora del mismísimo Valerio Lazarov, quien pinchó con un concurso llamado «Telexut» que apenas estuvo cuatro meses en antena.
Fue entonces cuando Zaplana colocó al que había sido su jefe de campaña en las elecciones, Jesús Sánchez Carrascosa, al frente de TVV con la doble misión de recuperar el «share» y atar en corto a la cadena. Fue el dos de abril de 1996. La máxima del «Todo por la audiencia» que aplicó el marido de la entonces directora y copropietaria de «Las Provincias» nos costó un ojo de la cara. Durante los 19 meses que estuvo al timón de Canal 9 dejó unas pérdidas de casi 4.000 millones de pesetas al grito de «¡Que te calles Karmele!» de Jesús Mariñas en el discutido «Tómbola», programa que fue la semilla de la telebasura que hoy inunda la pequeña pantalla. Polémico fue también el «Juí d´Alcàsser», desde donde se abonaban delirantes teorías de la conspiración sobre el triple crimen que desencadenaron una oleada de querellas contra Canal 9 y que, a la postre, le acabaría costando el cargo a Carrascosa. La obsesión por ganar audiencia fue tal que se llegó a interferir la señal de TV3 durante los partidos de fútbol.
Dejó también «cautiva y desarmada» a la redacción a base de despidos y al aprovechar la puesta en marcha de Punt 2 para convertirlo en una especie de «reserva india» donde recluir a los periodistas de la etapa socialista que no podía enviar al paro. Mientras, Presidencia supervisaba el listado de las contrataciones de nuevos redactores más afectos al PP. Con estos mimbres, el comité de redacción, el primero que se creaba en una televisión española, tenía las horas contadas. Este órgano elegido por los periodistas con el fin de velar por la pluralidad informativa acabaría pereciendo de inanición en 2003, cuando una redacción con más personal eventual que fijo dejó de ir a votar. Antes de esta muerte anunciada, el comité no cesó de denunciar la desinformación y la censura ejercida desde la dirección de TVV, especialmente por Carrascosa y después, entre 1998 y 2004, por Genoveva Reig. Fiel escudera de Zaplana desde que siendo alcalde de Benidorm la hizo su jefa de prensa, Reig llegó a Burjassot tras ejercer como directora general de Medios del Consell.
Canal 9 no dejaría de ser «Telezaplana», como la llamaban los socialistas, hasta que en 2004 Pedro García, entonces jefe de prensa del presidente Francisco Camps, relevó a José Vicente Villaescusa. El que, junto a Carrascosa, había coordinado la campaña que llevó a Zaplana al poder, abandonaba su despacho tras más de 8 años, convirtiéndose en el director más longevo de la corporación.
El nuevo timonel, que no tardó en agradecer los servicios prestados a Reig, puso la televisión al servicio de Camps. Así, sus telespectadores no descubrieron el caso de los trajes regalados al jefe del Consell por la presunta trama de corrupción del caso Gürtel hasta que el Tribunal Superior de Justicia archivó la causa. García, que aunque también habría recibido trajes de balde no fue imputado, dimitió el 28 de agosto «por motivos personales». Su íntima amistad con Álvaro Pérez, «El Bigotes», el cabecilla en Valencia de la trama que ahora se ha convertido en un caso de supuesta financiación ilegal del PP podría haber precipitado su salida.
El elegido por Camps para sustituir a García, José López Jaraba, al igual que sus cuatro predecesores, mantiene el paso que marcan desde Presidencia. Así, TVV fue el único medio de España en presentar como «una reunión para tomar medidas contra la crisis económica» el encuentro «secreto» que mantuvieron Camps y Mariano Rajoy en el Parador de Alarcón al día siguiente de conocerse el informe policial sobre el supuesto pago con dinero negro de actos del PP valenciano.
Fragmentación de la pequeña pantalla
Canal 9 cerró 2008 con la audiencia más baja desde el inicio de sus emisiones. Con una cuota de pantalla del 12%, era la cuarta más vista en la C. Valenciana por detrás de Telecinco, La Primera y Antena3. En la última década, TVV ha perdido uno de cada tres de los espectadores que tenía en 1999. Pese a ser la segunda de las siete autonómicas con más presupuesto, por detrás de TV3, es la tercera con peor audiencia tras la de Castilla-La Mancha (10,2%) y Telemadrid (10,5%).
No obstante, en su favor hay que anotar que la caída de la cuota de pantalla es un mal que afecta a todas las cadenas. El actual reparto de la tarta de las audiencias no es comparable al de 1990 cuando TVV acabó diciembre como líder de audiencia entre las autonómicas (24,1% de «share»). Entonces, las cadenas privadas, que acababan de salir a antena ese año —Telecinco, Antena y Canal + —apenas llegaban al 50% de la población valenciana. La aparición posterior de Cuatro (2005) y La Sexta (2006), junto a la irrupción de los canales temáticos a través de la TDT (en abierto) y de las diferentes plataformas de pago, que en la Comunitat suman un 15,7% de audiencia, han fragmentado el mercado audiovisual.
Los éxitos de TVV
Fútbol, cine e informativos aparte, ingredientes de éxito en cualquier parrilla, estos 20 años de Canal 9 han dejado programas que, por una razón u otra, ya forman parte de la memoria televisiva de los valencianos. El «on sonen les campanes?» de «El Show de Joan Monleón», los dibujos animados en valenciano de «Babalà», los acalorados debates de «Carta Blanca», y su continuación en «Parle vosté, calle vosté», que descubrieron al Padre Apeles como ídolo mediático, el polémico «Tómbola» o el «magacín» rosa «Tela Marinera» de Eduard Forés y Carolina Ferre, las risas con «Autoindefinits» y las disputas de los Falcó y los Pedreguer en el último gran éxito de la televisión de casa, «l´Alqueria Blanca», son nombres que los telespectadores tienen asociados a Canal 9.
El concurso de Monleón fue el primer espacio de Canal 9 en convertirse en un fenómeno de masas. En sus tres años en antena cosechó cuotas medias de pantalla de más del 25%. La «Tómbola» de Ximo Rovira, Mariñas y Karmele, atrapó a un público que aún recuerda la «espantà» de Chabeli. Discutido, pero eficaz. Cosechó audiencias similares al del deporte rey con un 32% de media en el año 2000. «Tela Marinera» también reinó ese año en la sobremesa con un «share» del 29%.
El valenciano también da audiencia
La apuesta más reciente de Pedro García desde la dirección del Ente por la ficción valenciana, con series como «Autoindefinits» o «l´Alqueria Blanca», han cosechado índices de audiencia que duplican la cuota media de pantalla de la cadena. Un gran éxito en estos tiempos de minifundismo televisivo. El humor valenciano de «Autoindefinits» y los personajes entrañables del «Cuéntame» a la valenciana son una prueba de que nuestra lengua propia también da audiencia, más de un 20%.
Levante - EMV