El aumento del número de canales y la caída de la publicidad adelantan los efectos de la fragmentación de audiencia: producciones más baratas.
El poder de la ficción en televisión ha obrado un cambio importante: el público ha dejado de lado las películas para ver un episodio de su serie favorita. Esta realidad, que se añade a la inminente eclosión de televisiones digitales a partir de 2010 (año del apagón analógico), ha llevado a las productoras de televisión a frotarse las manos: a más canales, más necesidad de contenidos. Sin embargo, su estrategia será otra.
Los últimos movimientos del mercado de la producción son la antesala de lo que se anuncia como un proceso de concentración, aunque para algunos viene acelerado por la crisis. Un ejemplo es la italiana DeAgostini que, en un intento de asemejarse al gigante Endemol, ha salido de compras por Europa. También es el caso de Banijay Entertainment, de Stéphane Courbit, ex presidente de Endemol Francia.
Courbit negoció su salida de Endemol, motivada por la decisión de Telefónica de venderla a Telecinco. Y, con mucho dinero en el bolsillo, cerró la compra de El Terrat, de Andrés Buenafuente. La operación falló esta semana, lo que para algunos reactiva el plan B: Cuarzo, la productora de Ana Rosa Quintana.
Para a Alfonso Mardones, director de operaciones de Globomedia, "los tiempos duros en los próximos dos años vaticinan que se producirá más barato". En su opinión, una buena medida anticrisis es la "unión de fuerza entre compañías".
Según datos de la consultora DBK, en 2007 el número de productoras de televisión se situó en torno a las 200 empresas, el 10% más que el año anterior. Todas ellas, generaron un volumen de negocio de 630 millones, el 17% más que el año anterior. Y los crecimientos se repiten en 2008 y volverán a producirse en 2009 en más del 14%.
Desde Endemol aseguran que la fragmentación de la audiencia, por la llegada de canales TDT, será la responsable de que bajen los precios de los productos. Y habrá dos consecuencias. La primera es que se "producirán programas de menor envergadura". La segunda consecuencia es que las productoras verán cómo se reducen sus márgenes de negocio, que, no obstante, podrán compensar con la colocación de más producto.
Cambio de mentalidad
Para otros analistas del sector, todo lo anterior implica un cambio de mentalidad. Se impone la necesidad de formatos tipo low cost, lo que no significa siempre mala calidad, puntualizan.
Lo que parece claro es que las productoras deberán "aprovechar al máximo los recursos para producir con la máxima eficiencia", algo que permite las concentraciones. Y, en su opinión, esto es más difícil para las grandes factorías (las majors, tipo Warner), cuyo modelo piramidal (donde las decisiones se toman de arriba a abajo) hace más difícil la adaptación y ha perdido validez.
Si esto es así, las que sobrevivirán mejor serán las compañías que defienden un modelo en el que la comunicación se origina en la periferia, en las filiales, y se dirige hacia el centro.
Se trata de aquellas productoras en las que "el talento viaja". Este modelo defiende la independencia de los creativos, que en cada país son los responsables de adaptar los formatos.
El paradigma de este modelo podría ser Endemol hasta que desembarcó Telecinco y, más en concreto, el de su consejero delegado, Paolo Vasile, al que responsabilizan de instaurar el modelo piramidal. La consecuencia inmediata ha sido la salida de los gestores: Toni Cruz y José María Mainat y la retirada del programa de Sardá de la cadena.