Una suerte de '¡Mira quién baila'!, el programa británico 'Strictly come dancing', ofrece entretenimiendo ingenuo y buenos resultados de audiencia a la BBC. No entraba en los planes de la institución pública que este espacio dedicado a famosos bailarines pudiera desembocar en otro escándalo, de nuevo con los votos por teléfono como 'leit motiv'.
La BBC ha recibido casi 200 quejas sobre el sistema de votos. Estos espectadores indignados, que telefonearon a un precio de entre 15 y 80 peniques por llamada, en ningún caso podían salvar a una de las parejas, el actor Tom Chambers y su compañera de baile, Camilla Dallerup, que actúan cada semana delante de un jurado.
Un portavoz de la BBC, ha declarado que la cadena pública ha recibido 188 quejas. "La situación que ha surgido es completanemte imprevista; por esa razón congelamos los votos", sostiene este portavoz, según recoge 'The Guardian'. "Los productores fueron informados justo al final del primer 'show'", ha agregado.
El fiasco es consecuencia de un fallo en el sistema de votaciones, en el que la decisión final se determina al 50% entre los jueces del plató y los espectadores que votan por teléfono.
Tres parejas de concursantes eran las candidatas a abandonar el programa. Las de la cantante Rachel Stevens y la presentadora Lisa Snowdown recibieron tres puntos cada una, por uno de la del perjudicado en el sistema, Tom Chambers. Sin embargo, por los votos telefónicos Chambers podía obtener un máximo de tres votos (por uno de las otras dos parejas), es decir, por mucho que lo votara la audiencia, no podía salvarlo.
La BBC, que ha decidido registrar los votos recibidos y trasladarlos al siguiente programa tiene en 'Strictly com dancing' uno de sus mayores filones. El pasado sábado 11,2 millones de personas lo sintonizaron. La cadena afronta ahora un nuevo escándalo, ya que el organismo regulador de la televisión británica sancionó a la pública con 400.000 libras (444.000 euros) por una serie de fraudes telefónicos en concursos.
El Mundo