Se le veía inquieto a Patrick Poivre d'Arvor en el palco de autoridades de Roland Garros. El mito de la televisión francesa 61 años lo contemplan asistía al triunfo de Rafael Nadal, aunque su cabeza daba vueltas como una pelota de tenis a una noticia inverosímil e irreverente.
Resulta que la dirección de la cadena privada TF1 ha decidido reemplazarlo del telediario nocturno en favor de una mujer dos décadas más joven y allegada a los gustos físicos y mediáticos del presidente Sarkozy.
Se llama Laurence Ferrari, así es que las resonancias automovilísticas del apellido se emplean humorísticamente en la prensa para frivolizar sobre los términos relevo generacional. "A Poivre d'Arvor le adelanta un Fórmula 1", ironizaba Libération a propósito del cambio de guardia "histórico".
Histórico porque el aristócrata periodista francés llevaba 30 años casi consecutivos presentando el telediario de las 20.00 horas. Primero lo hizo en la televisión pública, aunque su fama, su carisma y su naturalidad adquirieron dimensiones totémicas desde que la cadena TF1 decidió ficharlo en 1987.
Han sido 21 años de liderazgo absoluto y de insólita resistencia catódica. De hecho, Patrick Poivre d'Arvor se marcha del telediario como campeón de audiencia en "su" franja horaria. Vienen a cuento las comillas porque las ocho de la tarde le pertenecen y porque los franceses se han habituado a cenar en su compañía de lunes a viernes.
La prueba está en que al periodista se le conoce por las siglas de su nombre y de sus apellidos (PPDA). Un privilegio del que pueden presumir muy pocas personalidades transpirenaicas. Acaso el difunto Yves Saint Laurent (YSL), el filósofo Bernard-Henri Lévy (BHL) o el presidente Valéry Giscard d'Estaing (VGE).
Apreciada en el Elíseo
¿Por qué lo han defenestrado? No hay una razón concreta, pero sí varios aspectos que confluyen en la decisión del destronamiento. TF1 quería rejuvenecer la plantilla y ha encontrado la solución en Laurence Ferrari, conocida de la casa porque hizo en su día labores de sustituta estelar, estrella en Canal+ y apreciada sobremanera en los despachos del Elíseo. Hasta el extremo de que llegó a rumorearse un affaire amoroso entre Nicolas Sarkozy y la presentadora.
La revista que dio cuerpo al rumor fue condenada a indemnizar a Ferrari, aunque la inexistencia de una relación sentimental no implica que a 'Sarko' deje de gustarle el recambio en el telediario más influyente y reputado de la televisión francesa.
Por si hubiera dudas, el propio jefe del Estado, consciente de su influencia y de sus buenas relaciones en la cadena privada líder, había reclamado recientemente su deseo de ser entrevistado delante de las cámaras por periodistas más jóvenes de cuanto ahora le toca soportar.
Ha tomado buena nota Patrick Paolini, comandante en jefe de TF1 desde hace un año y condotiero de los cambios epatantes. No sólo para despojar la cadena francesa de la pátina chiraquista. También para corregir las propias ambiciones de PPDA, quien se había trazado la jubilación unilateral y públicamente en la temporada de 2012.
El Mundo