El proyecto del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, para crear una televisión estatal que sirva de contrapunto a las grandes redes de televisión privada del país no agrada al Congreso, que estudia el proyecto y difícilmente lo aprobará sin grandes reformas.
“Esa televisión es el camino hacia el chavismo”, ha afirmado el portavoz parlamentario del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), Antonio Carlos Pannunzio, quien ha argumentado que “la Presidencia de la República va a tener una televisión para hacer proselitismo y para propaganda de ideas y principios que agradan al Gobierno, pero no a toda la sociedad”.
Ni siquiera los aliados del Gobierno están de acuerdo con el proyecto, sobre todo con que los 20 miembros del consejo de la nueva televisión sean nombrados por el presidente de la República, sin ningún aval del Congreso.
El diputado Miro Teixeira, ex ministro de Lula y líder del Partido Democrático del Trabajo, que apoya al Gobierno, afirmó ayer que “este tema va a tener que ser vuelto a discutir en el Congreso. Yo confío en el actual Gobierno, pero ¿quién va a substituirlo? Quiero garantías de que dicha televisión pública sea democrática”.
Las críticas más duras las ha hecho el partido opositor Demócratas. Su portavoz en el Congreso, Onyx Lorenzoni, ha señalado que “la televisión de Lula puede ser un instrumento para preparar su tercer mandato. Se trata de una televisión que no posee independencia financiera ni administrativa”. De los 43 diputados de dicho partido, sólo dos se han demostrado favorables a la creación de la televisión pública.
En el Senado, donde el Gobierno está en minoría, será aún más difícil que el proyecto sea aprobado, por lo menos como ha sido presentado. Un tercio de los senadores son dueños de televisiones locales y temen que parte de la publicidad del Gobierno y de los entes estatales se vaya a la televisión pública de Lula que, aunque no emitirá anuncios, sí podrá recibir patrocinios de bancos y empresas.
El Gobierno, pendiente de la aprobación parlamentaria, espera poner en marcha a principios del próximo diciembre la nueva televisión, que ha sido apodada Telelula, y que costará a las arcas del Estado 360 millones de reales (140 millones de euros). El principal apoyo al proyecto es de la formación de Lula, el Partido de los Trabajadores, que se queja de que las televisiones privadas gozan de excesiva autonomía y no recogen los logros del Gobierno, cebándose más bien en la crítica.
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