"La verdad es relativa", afirma el fiscal Sebastián Stark. Este dogma también es relativo, porque si la verdad sale a cuenta para ganar un juicio, se utiliza sin problemas y con alegría. La serie "Shark", de La Sexta y Fox, sigue los pasos de "House".
Su protagonista es un tipo pagado de sí mismo, un fiscal políticamente incorrecto. Hace con la ley un sayo a la medida. Shark (Tiburón) tiene un pasado tan poco edificante como su presente. Defendió a los malos y fue abogado del diablo. Ahora acusa a los malos. Es un diablo de abogado. Lo suyo es jugar sucio. Regla número uno: "Un juicio es la guerra. Regla número dos: "Perder es la muerte".
Existen, en la jerga de Shark, todo tipo de corolarios a este par de axiomas. "Los juicios con jurado se ganan antes de entrar en la sala", que justifica manipular las pruebas, "En los juicios con jurado, la popularidad es la clave", que permite manipular a los miembros del jurado. Más de lo mismo: "Es mejor sobornar al jurado antes que dejar que delibere". Por aquí todo bien, pero los guionistas tienen que eliminar -si fuera físicamente, mejor- un punto torrefacto: la hija de Shark. Las relaciones de este duro fiscal -tan simpático cuando suelta: "Soy un déspota; y sin embargo, humilde" - con su niñita de 18 años son una tueste.
Relación paternofilial
Papa y la niña hacen los deberes juntos. En el último capítulo, el guión llegó al extremo insoportable de que el caso a juzgar era el asesinato de una compañera de colegio de la muchachita. Una trama abiertamente grimosa. Para disfrutar la serie sin las moscas del tenemos corazoncito, hay que concentrarse en el personaje arrogante y trampullas de Shark. Hay que mejorar, empeorándolas, las relaciones con su equipo. El calco de "House" es evidente. El rubito que se tira a la compañera en la escena del crimen, es un calco del "hausiano" Chase: la misma cara de niño bien, las misma boquita, la misma sonrisita... Este guiño puede sacarte un ojo.
A Shark y a los guionistas les gustan las frases. Algunas van a coro. El equipo, poniendo un cercano toque de zarzuela, canta: "¡Es un genio!". Y Shark remata: "¡Qué le voy a hacer!". El fiscal anima a sus chicos: "Si os habéis fumado algo, yo quiero". A Shark le gusta la buena vida, los trajes caros, el buen vino, las prostitutas y los Rolling Stones. Le disgusta el jazz fusión, Un tipo sensato. Divorciado de su mujer y huérfano de abuela, el terror de los juzgados se juzga a sí mismo: "Esos aplausos me sonrojarían si no fuesen merecidos".
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