No tiene ni pies ni cabeza pero, a su manera, es terriblemente divertido. «'Humor amarillo' es de los pocos programas que se pueden considerar clásicos; no envejece», afirma Fernando Costilla, responsable junto a Paco Bravo de los comentarios que aliñan la actual versión que emite Cuatro.
La dinámica del concurso es simple. Un puñado de japoneses, a cada cual más 'frikie', forman el ejército del general Tani. Su objetivo es tomar el castillo de su enemigo, al que da vida el cineasta y actor Takeshi Kitano. Él da nombre al programa, que en su país se llama 'Fuun! Takeshi Jo' y ha sido traducido en Occidente como 'Takeshi's Castle' ('El castillo de Takeshi') -y rebautizada aquí con el nombre que todos conocemos-. Por el camino, una panda de esbirros somete a los sufridos participantes a las más disparatadas pruebas, en las que reciben infinidad de golpes. Todo sea por embolsarse el millón de yenes prometido.
Pero, ¿cómo es posible que un formato emitido en Japón entre 1986 y 89 (y en Telecinco en los 90) continúe en antena veinte años más tarde? La 'culpa' es, en parte, de Fernando Costilla y Paco Bravo. Ellos son los responsables de los surrealistas comentarios que acompañan la batería de porrazos que sufren los nipones.
«Nos lo pasamos como indios», reconocen mientras van desmontando, entre carcajadas y risas malévolas, todos los mitos sobre la realización del programa. «En un año que llevamos haciéndolo ha habido de todo, pero, por lo general, no es necesario ningún tipo de ayuda alcohólica o estupefaciente. Ver a un 'japo' que se lanza como un loco contra una pared de hormigón es lo bastante demencial como para estimularte».
Además, sostienen que no emiten las mismas imágenes con diferentes guiones. «Puede parecerlo -bromean- y nos han propuesto hacerlo y seguir en antena por los siglos de los siglos, pero no nos parece serio. De cada programa original hacemos uno y al llegar al último, en junio, nos despediremos. Qué pena: el chino Cudeiro ya no resucitará más. Puede que en el último programa salgamos en pantalla, aunque lo vamos a hacer fatal», dicen Costilla y Bravo, que se sienten más cómodos poniendo voz a las peripecias del programa que dando la cara. Hay cosas que salen mejor desde el anonimato.
Conexión japo-española
Aunque, ¿qué pensarán sobre el programa en el país del sol naciente? «Los comienzos fueron surrealistas. Cuatro quería mantener el nombre elegido por Telecinco, pero los japoneses lo consideraban racista. Ellos son blancos; los amarillos son los chinos, argumentaban. Y así estuvimos casi un mes». En cualquier caso, los espectadores que conocen la versión nipona apoyan el trabajo de Costilla y Bravo. «Recibimos una carta de una japonesa que nos decía que la versión original era marciana, pero que aquí lo hemos multiplicado todo por cien. Es un sinsentido entero».
Para estos dos guionistas, el humor oriental y el nacional no son tan diferentes. «Hay una conexión subterránea entre ambos países. Hay momentos en los que Takeshi se tira un pedo y eso sólo puede hacer gracia en España. En otro país se escandalizarían». Por otro lado, opinan que 'Humor amarillo' sigue funcionando porque en realidad nunca dejó de emitirse. «Hemos hecho algunos homenajes a Ramón García por mantener viva la llama del programa-porrazo con 'Gran Prix'. Eso sí, cuando participamos los españoles en este tipo de concursos no somos tan burros como los nipones. ¿Será por el rollo kamikaze? ¿Banzaaai!».
El Correo