Italia 1, una de las cadenas del ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi, vuelve a estar en el candelero. Si hace pocos días traspasaba fronteras el «surreality show» «La muñeca y el empollón», ayer volvía a saltar a la palestra con una especie de «Caiga quien caiga» a la italiana, llamado «Le Iene» («Las hienas»).
El espacio, que iba a ser emitido ayer, estaba dedicado a una investigación que demostraba que uno de cada tres diputados italianos consume algún tipo de estupefacientes, como el hachís y la cocaína. Esta revelación acerca del abundante consumo de drogas por miembros de la Cámara desencadenó ayer una inmediata controversia.
Las muestras para los test de «Le Iene» fueron obtenidas bajo engaño a cincuenta diputados italianos, de los que 16 dieron positivo, lo que permitió a los responsables del programa establecer que un tercio de los diputados se droga. Sin embargo, el espacio no se llegó a ver porque la autoridad italiana garante del derecho a la intimidad, creado y elegido por el Parlamento, prohibió ayer la emisión del mismo sin que, hasta el momento, haya explicado la decisión de la prohibición.
La polémica que circuló ayer en torno al programa iba desde la crítica a la hipocresía del Parlamento, que este mismo año ha aprobado el endurecimiento de las penas por el uso de las drogas, hasta la colisión entre los derechos a la intimidad y la libertad de expresión, informa Efe.
Identidad oculta
Por su parte, el responsable de esta versión italiana del «CQC», Davide Parenti, se defendió y afirmó que «estamos en el aire desde hace diez años respetando la intimidad de todos, incluida la de los curanderos filipinos y los ladrones de motos. ¡Como para no respetar la de los diputados!». El jefe de «Le Iene» se refería al hecho de que en todos sus programas se oculta la identidad y el rostro de las personas investigadas, lo que aseguró también ocurriría en la emisión prevista para la noche de ayer.
La no emisión del programa también ha dado lugar a numerosas declaraciones, entre ellas, las de la ministra para los Asuntos de la Familia, Rosy Bindi, que, aunque criticó a los miembros del programa a los que denominó «trapisondistas», también se despachó con sus compañeros parlamentarios: «si mis colegas no hicieran uso de las drogas, no tendrían esos problemas».
Alessandra Mussolini, nieta del dictador Benito Mussolini y que también ha formado parte del jurado del novedoso «La muñeca y el empollón», mostró su rechazo ante la medida adoptada por la Autoridad garante: «Estamos en una dictadura. La censura de una investigación periodística es un hecho grave».
El secretario general de los radicales, Daniele Capezzone, es de los que opina que, en este caso, es más importante el derecho a la libertad que el de la intimidad. Capezzone, no obstante, no se mostró sorprendido de los resultados de la investigación periodística a los diputados y comentó que «si entrara en el Congreso un perro de la policía especializado en la detección de drogas, la nariz se le colapsaba».
El engaño paso a paso
Infalible.La investigación se basaba en una prueba llamada «drug wipe» (limpio de droga), que los responsables del programa dicen que es infalible al cien por cien. Para algunos expertos es sólo preliminar.
Artilugio. Era una especie de tampón que detecta el consumo de drogas a través de la piel.
Coartada. Con la excusa de un especial sobre la polémica ley de presupuestos, un equipo de reporteros entrevistó a 50 diputados la semana pasada.
El truco. Para pasar por la frente el detector, una maquilladora señalaba la misma y le decía al entrevistado que le brillaba por el sudor.
La Razón