Mientras en esta orilla del Atlántico aún escuece la decisión de la Deutsche Oper de Berlín de cancelar la representación del Idomeneo por miedo a represalias por parte de sectores islámicos radicales (aunque ahora se plantea el estreno en diciembre).
En Estados Unidos comienza hoy la segunda parte de la décima temporada de South Park, una serie que no tiene complejos a la hora de meter el dedo en la llaga.
"Si alguien nos dice que no deberíamos reírnos de la cienciología porque alguien vendrá a quemarnos la casa, le respondemos que ya nos compraremos otra", explica en una entrevista concedida a Associated Press Trey Parker, co-creador de la serie junto a Matt Stone.
Este espíritu punk ha hecho posible que los dibujos estén a punto de cumplir sus 10 años en antena sin perder mala baba. La prueba del algodón: católicos, musulmanes, judíos, mormones, conservadores, progresistas... Todos han puesto alguna vez el grito en el cielo por culpa de las ocurrencias de Parker y Stone. Incluso Isaac Hayes, la voz del entrañable Chef, abandonó la serie la temporada pasada, incapaz de aguantar las bromas a costa de la cienciología.
"No queremos ser cínicos, somos optimistas", dice Stone. Y tiene razones para serlo. La serie seguirá en 2008. Caiga quien caiga
Dios es un bonachón budista. Su imagen no es la de un sabio con barba, sino la de un cruce entre hipopótamo y gato con lengua de lagartija.
Boxea con Satán, programa fallidos conciertos de Rod Stewart, va a rescatar a Santa Claus de los iraquís y tiene su propio espacio televisivo.
Hasta por el nombre, son el uno para el otro. Afeminado y sensible, Satán se mete en el catre con el ex dictador iraquí en South Park.
La serie se mofa de todo tipo de credos -incluso de la cienciología de Cruise-. Aquí, se atrevió con un tutti frutti de religiones a lo Idomeneo.
Dario ADN