Carmen Caffarel cree que «el inmovilismo de los sindicatos pone en peligro el futuro del ente». La portavoz del PP en la Comisión de Control, Macarena Montesinos, aseguró que el Plan de la directora general es «un producto invendible».
Llegó, vio y... tablas. El «vinci» del César se quedó, como casi siempre, para otro día. La comparecencia en el Congreso de los Diputados de la directora general de RTVE, Carmen Caffarel, se saldó con palmas, por parte socialista; con murmullos de reprobación, por parte del Grupo Popular, y con total indiferencia por el resto de los mortales allí presentes. Eso sí, ayer batió todos los registros horarios, con más de cinco horas entregada a defender un Plan de Saneamiento que, en palabras de la portavoz popular, Macarena Montesinos, era «un producto invendible». Otro par de horitas y más de uno habría comprado lo que quisiera la catedrática, que ayer despejó más balones que el portero del Arsenal ante el Villarreal.
El primero que lanzó al tejado fue el de sus relaciones con los sindicatos. Primero dijo que eran «las naturales entre los que representan intereses diferenciados», para a continuación puntualizar que «desde que empezamos a hacer público el Plan cambiaron su posición y nos encontramos con una exigencia cerrada de que lo retiremos». Esa actitud les llevó, según ella, a una huelga que «ha sido una acción escasamente útil para los trabajadores, porque todo sigue igual». Así las cosas, precisó que «los sindicatos han optado por un inmovilismo que pone en riesgo el futuro de RTVE, y lo que hoy ellos interpretan como un triunfo mañana puede ser un fracaso».
Sindicatos
En ese famoso Plan, en el que para Macarena Montesinos «todo es paja menos lo de prescindir de media plantilla y reducir al mínimo la función de servicio público», Caffarel adelantó que se contempla un incremento de los contenidos de servicio público en la programación de sus cadenas. Habrá pues más información, del 21,7% se pasará al 27,4% de la oferta total; una «oferta cultural estable», en torno al 36,7%; una ligera reducción en deportes, «vinculada con la renuncia a pujar por obtener derechos de un precio desproporcionado» (adiós a más Mundiales de fútbol, motociclismo, baloncesto...); y un aumento «sustancial» de la programación infantil, pasando del 3,7 al 12,1%.
La última pelota se la pasó a las comunidades autónomas sin televisión propia, a las que incitó a entablar negociaciones con ella para determinar la función de sus centros territoriales, «de forma que el servicio público quede garantizado, ya que, probablemente, en esas regiones no será necesario reajustar la actividad de RTVE». Según Caffarel, los costes de producción de las desconexiones territoriales se han multiplicado por 7 (de 53.000 euros de media general a 356.000), mientras que los ingresos por desconexión bajan de 46,8 euros por cada mil habitantes a 1,2, esto es, 40 veces menos. A Radio 4 no le da ni opción porque «es algo que hoy en día no se justifica porque su función ya la ofrecen otras emisoras autonómicas y locales. Si se analizan todos los gastos, esa emisora cuesta 12 millones de euros anuales, lo que equivale a 1.327 euros por oyente». La pelota, en este caso, ya está dentro de la red.
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